La Vampira de Barcelona: víctima o asesina
- Teresa Aparicio
- 1 mar 2025
- 5 Min. de lectura

27 de febrero de 1912, a Claudina Elías, una vecina del barrio del Raval conocida como “la cotilla”, le parece ver a una niña con la cabeza rapada asomarse desde una ventana del edificio 29 de la calle de Poniente. Piensa en Teresita Guitart, una chiquilla de cinco años que había desaparecido, y habla con la policía. Ese mismo día detienen a la dueña del piso, Enriqueta Martí, y empieza la leyenda de la Vampira del Raval.
La mujer
Enriqueta Martí Ripoll nació en 1871 en Sant Feliu de Llobregat. Se mudó a Barcelona de muy joven con su marido Joan Pujaló. La pareja pertenecía a la clase más baja de la sociedad y tuvieron un hijo, que murió antes de cumplir el año debido a una desnutrición severa. Este hecho fue la causa de separación del matrimonio y, según Jordi Corominas, el autor de Barcelona 1912, fue un momento clave en el desarrollo posterior del personaje de la vampira del Raval.
Martí se ganaba la vida como podía, tenía un carnet que la acreditaba como mendicante profesional, pero también se sabe que tenía relaciones con prostíbulos. Fue detenida en 1909 por ser la madame de una joven de 17 años, aunque salió sin ser procesada. Se rumorea que fue porque en el local también ofrecía servicios de niños a personas de gran importancia en la ciudad a quienes no interesaba que saliera el caso.
El rapto de Teresita
Hay muchos elementos de la historia de Enriqueta Martí que cuestan definir como ficción o realidad. Un aspecto que sí se puede asegurar es el rapto de Teresita Guitart, hay versiones que defienden que se la encontró y otras que se la llevó a la fuerza, lo que está claro es que la niña estuvo en su piso durante 17 días, encerrada en una habitación.
En una ocasión Teresita tuvo la oportunidad de asomarse al patio interior del edificio desde la cocina a pedir ayuda. Claudina Elías oyó a la niña y se lo contó a la policía que se presentó en el piso ese mismo día. Allí encontraron a Teresita con el pelo cortado y vestida en harapos, y a otra niña llamada Angelita, la sobrina de Martí. En las investigaciones del piso también se descubrieron huesos y rastros de sangre, su origen y cantidad, desconocidos.
La mujer fue detenida y llevada a la prisión de Reina Amalia. No llegó a hacerse un juicio, ya que murió en la cárcel un año más tarde. La causa no está clara, las teorías más populares son que murió a manos de sus compañeras o que fue debido a una enfermedad. A partir de aquí aparecen dos versiones que se han encarado durante estos últimos años.

La Enriqueta culpable
La historia que se contaba en la prensa y en la calle, era que en el piso había cientos de tarros con sangre y grasa, todos de los niños víctimas de Martí. El procedimiento era siempre el mismo, los raptaba, les cortaba el pelo para hacer brujería y ofrecía a los pequeños en los prostíbulos frecuentados por la gente más importante de la ciudad. Para que los niños no hablaran, los mataba y con su grasa hacía ungüentos que vendía a los mismos clientes del burdel.
Su conexión con la burguesía es lo que hizo que la historia ganara popularidad y, según Ivan Ledesma, lo que hizo que la investigación fuera mucho más misteriosa. Ledesma, creador del cómic La vampira de Barcelona, cuenta que el proceso judicial consistió solamente de careos entre Martí y otros testigos.
Hubo un misterioso matrimonio de clase alta que fue llamado a los juzgados para testificar sobre el caso, pero solamente se sabe de ellos que la prensa los trató de “Señor y señora X” y que se hizo todo lo posible para mantener su identidad oculta. Otro elemento intrigante es que se tuvo que cambiar de juez dos veces, ya que el primero enfermó, se cree que envenenado, y el segundo quería dejar el caso sin resolver. El tercero intentó seguir las investigaciones, pero debido a diferentes presiones e intentos de asesinato, decidió dejarlo cuando murió Martí.
“Yo creo que firmó su sentencia de muerte cuando dijo ‘Si caigo yo, caerán muchos y guardo la artillería para el final’”, dijo Ledesma cuando preguntado por las relaciones de Martí con la burguesía catalana. Realmente nunca se demostró oficialmente su conexión con la clase alta, él cree que por presiones en la investigación y la muerte de Martí antes de poder señalar a nadie.
La Enriqueta inocente
Otra versión de la historia ha surgido en los últimos diez años, especialmente respaldada por Elsa Plaza y Jordi Corominas en sus respectivos libros. Según sus investigaciones, Martí sufría de cáncer de útero, que no se había descubierto todavía, y los rastros de sangre en su piso eran la suya propia. En cuanto a los huesos, se demostró que eran de un hombre joven y que los tenía en su casa porque en aquel momento era común entre las clases bajas, ya que creían que traían buena fortuna.
Corominas cuenta que no hay ningún documento ni ninguna prueba que demuestren la conexión de Martí con prostíbulos infantiles. El rapto de Teresita es lo que él llama “el enigma de los enigmas”, su hipótesis es que Martí sabía que estaba enferma y quería conseguir compañía para Angelita antes de morir, y que el pelo cortado de la niña no tiene nada que ver con la brujería y “todo que ver con los piojos”.

“Todo el tema de las pócimas es muy bruja del bosque” es lo que opina Lluís Danés, el director de la película La vampira de Barcelona, donde también se defiende esta versión de la historia. Según él, Martí recogía todas las características para ser culpada de las atrocidades que estaban pasando en la ciudad, era una mujer de clase baja separada.
Enriqueta hoy
Indiferentemente de las teorías, todos los investigadores concluyen lo mismo: Enriqueta Martí fue una cabeza de turco que pagó por las tensiones de una ciudad gobernada por la diferencia de clases y la miseria. En ese momento histórico, pocos años después de la Semana Trágica y con el descubrimiento de un prostíbulo infantil en el Raval semanas antes, la burguesía barcelonesa no quería que se removiera la situación y un caso tan llamativo como el rapto de Teresita Guiralt fue suficiente para calmar al público.
Con el paso de las décadas se fue olvidando a Enriqueta Martí, esto es hasta los 70, cuando reapareció bautizada como “la Vampira del Raval” en un artículo de Sebastià D’Arbó. Según Corominas, a la ciudad le interesa mantener esta leyenda de la primera asesina en serie del país porque atrae turistas. La verdad es que el piso de Enriqueta Martí, el 29 de la calle Joaquim Costa, sigue en pie pero no resalta de ninguna manera, sin una placa que lo identifique, es más ahora se ha convertido en un Airbnb.

Si Enriqueta Martí raptó a Teresita para hacer brugería, para prostituirla o simplemente porque quería compañía y sufría las secüelas psicològicas de la muerte de un hijo, no se puede saber con certeza, lo que sí está claro, en las palabras de Darnés, es que "es la triste historia de una mujer desgraciada en una ciudad que estaba cambiando demasiado rápido”.


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